Feliz Cumpleaños
Es una larga historia. Una historia que se hunde en aquellos años emocionantes de la primera juventud, cuando las noches, frías e ingenuas, se alargaban sin fin buscando la madrugada, persiguiendo la estela de la luna reflejada en la humedad helada de las aceras de piedra que acompañaban al río, aquella mancha de agua limpia que, como una costura, se descolgaba entre gatos desde lo alto de la sierra. Días en los que, sin saberlo, estaba naciendo una memoria que luego sería imborrable.
Ahora te recuerdo a ciegas. Y no sé dónde te habrá llevado la vida, ni qué habrás hecho con aquella genialidad que se escondía entre tus dedos manchados de tinta. Pero hoy te has aparecido de repente. Y me ha venido a la memoria el día de tu cumpleaños. Aquella libreta cosida con alambre en la que dibujaste una flor y escribiste tu número antes de escaparte por el fondo de una calle estrecha, mientras los serenos regaban las aceras, entre ladridos que hacían temblar los cristales, y dos noctámbulos, abrazados, que a duras penas se sostenían contra una pared, ebrios de alcohol y de humo. Yo miraba desde el balcón, en silencio, sin saber que aquel sería el primero de otros muchos días.
Todos tenemos ya una vida nueva, una vida en la que ya no hay serenos, ni madrugadas, ni ciertos ecos que antes bisbiseaban recuerdos de pérdidas y ausencias. Y desde aquí, con la vida amontonada de años, espero y deseo que el tiempo te haya tratado bien. Sin protesta, sin remordimientos, con las heridas cicatrizadas y lejos ya cualquier atisbo de tristeza.
Y que hoy la mañana te alcance rodeada de los abrazos emocionados de quienes todavía saben quererte.
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