La Muria
Hace tiempo, recorriendo tierras de vinos y bodegas, aprendí todo cuanto se esconde detrás de cada botella; y que ciertos vinos no solo cuentan con la magia de llenar una copa, sino que pueden colmar un instante concreto que acaba recordándose luego una vida entera. Como puede verse en la foto, dejé apoyada la botella sobre la mesa cuando la tarde se desplomaba sobre el horizonte y el sol ardía incandescente sobre los contornos del día, minutos antes de dejar un paisaje oscuro que soportaba a duras penas las embestidas del mar agitado por el levante. Abajo, desde las Almadrabillas, me llegaba el bullicio de una fiesta. Dos filas de sillas disparejas —unas de madera y otras de latón pintadas de verde—, enfrentadas entre sí, formaban un pasillo central que se adentraba hasta el umbral del belvedere , decorado con largas tiras de luces de colores, farolillos y banderines, desde el que divisaba el cable francés: un muelle abandonado tendido sobre el mar, armado con cemento...






