Los besos perdidos.
https://www.youtube.com/watch?v=NeZ1lrywI9I
Reconozco que anoche me costó conciliar el sueño.
Hubo un tiempo, otro tiempo, en el que, adrede, busqué acantilados de piedra desnuda en los que encallar, playas vacías, de arena blanca, en las que naufragar, abismos cercanos por los que precipitarme a propósito hacia lo desconocido, arrostrando sin miedo los destrozos que quizá me esperaban allí al lado, justo al volver la esquina.
Me interné en la noche como quien se adentra en la oscuridad de un pozo sin fondo, precisamente para desvelarme, quizá buscando un sitio ausente en el que perderme. Y es que anoche me acordé de todos los besos que no he dado, de aquellos que me robaron y se quedaron para siempre suspendidos en algún hueco de la memoria, frágil y desordenada como el vuelo de una cometa.
Y sí, a veces echo de menos algo tan simple como estar sentado en el tranco de una puerta, con un Lucky Strike colgando entre los dedos manchados de nicotina, escuchando Kentucky Avenue, de Tom Waits, esperando a que Ella aparezca con el pelo suelto y húmedo, envuelta en el tumulto de la calle.
Y eso, a veces, no me deja dormir.

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